Aprender a tomar café, ¿cómo se hace?


Antes a mí tampoco me gustaba el café; eso cambió cuando, con unos 14 años, empecé a trabajar en la zona de lavado de un restaurante. Yo había dicho que no quería café, pero al final del día aparecían igualmente, sin pedirlas, cinco tazas llenas y frías de café junto a mí en la encimera. Una pena, claro, así que en algún momento me decidí a probarlo. Y bueno, ya no lo dejé...
La mayoría de los niños, al probar un sorbo de café, ponen una cara como si hincaran los dientes en un limón. Unos años después, gran parte de esos niños se vuelve fanática del café. ¿A qué se debe?
Los niños tienen más papilas gustativas que los adultos, y además están más repartidas por toda la boca. Por eso los sabores se perciben de forma distinta en niños y adultos. El café sin leche ni azúcar tiene de por sí un sabor bastante fuerte; por eso incluso muchos adultos lo toman solo con, por ejemplo, un chorrito de leche. Además, al final acabas acostumbrándote al sabor algo amargo del café solo y, una vez que llegas a ese punto, probablemente lo tomas el resto de tu vida...
El centro de nutrición aconseja que los niños menores de 13 años no tomen café y que los menores de 18 años tomen como máximo una taza al día debido a la cafeína, aunque un vaso de cola lleno de azúcar y cafeína es probablemente peor.
Y recuerda: con azúcar el café se vuelve, por supuesto, más insano y menos rico.
















